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"El karting cuesta demasiado"

Las declaraciones del presidente de la FIA realizadas recientemente, en las que afirmaba que el karting cuesta demasiado, han circulado por los medios de comunicación y las redes sociales, coincidiendo con el inicio de una temporada y los pilotos decidiendo qué hacer esta temporada en función de su presupuesto.

No es algo desconocido que el karting es un deporte caro (…todo lo contrario, es bien sabido de sobra por todos) y nunca es noticia, salvo cuando lo dice una voz relevante, como ha sucedido en los últimos años con pilotos de F-1, caso de Lewis Hamilton o Sebastian Vettel, por citar solo dos. En este ocasión, la afirmación resultó más sorprendente si cabe, ya que venía del presidente de la FIA, Mohammed Ben Sulayem, quien apostó por incluir el karting en la cadena de formación del automovilismo, como base de la misma, siendo la F-1 su cúspide, convirtiéndolo así en una «F-5».

Las pruebas internacionales, entre ellas las de FIA karting, han aumentado en número a lo largo de los años, y «obligan» a los pilotos a estar desde el miércoles a domingo en los circuitos, después de haber realizado antes los test correspondientes o pruebas previas preparatorias, lo que se traduce en gastos elevados para las familias de los pilotos. A los costes de las carreras en sí, nada económicas, hay que añadir otros muchos (billetes de avión, noches de hotel…etc), y a lo largo de un año el presupuesto para quien quiera realizar una temporada de karting internacional completa, con opciones de victoria y poder escalar en su carrera deportiva, se dispara.

El karting no es solo un deporte motorizado, es también además un negocio o la forma de ganarse la vida para muchos, y el problema parece no tener una fácil solución, al menos que venga bien a todos, ya que lo que podría beneficiar a unos, acabaría perjudicando a otros, y viceversa. Reducir el número de días de carreras o test, afectaría a la facturación de los circuitos, equipos o mecánicos, si se limita el número de neumáticos, el que pierde es el suministrador de los mismos, la obligación de correr con motores de caja, dejaría sin trabajo a los preparadores..etc. 

En el karting, como deporte que depende de la mecánica, quien tiene más medios económicos también tiene ventaja, es algo que siempre ha sido así y que hay que saber aceptar. La cuestión es si debemos aceptar también que cada vez sean necesarios unos medios mayores y la ventaja de quienes disponen de ellos sea más evidente, siendo también mayor el número de pilotos, que pueden quedarse en el camino por falta de presupuestos elevados. 

Por desgracia hay muchos ejemplos de ello, uno de los más recientes, el del actual campeón de España Junior Sandro Pérez, quien comunicó a final de la pasada campaña, que abandonaba este deporte por falta de presupuesto para poder dar continuidad a su recorrido de manera ascendente, con solo 14 años y en el mejor momento de su trayectoria. Un piloto que comenzó a una temprana edad, y que siempre con el esfuerzo y dedicación de su familia, subió los peldaños acompañado de buenos resultados y títulos, que sin embargo, no son suficientes para garantizar una continuidad, pese a los esfuerzos por conseguir apoyos. 

Aquí entra en juego otra realidad del karting, y es su baja repercusión en los grandes medios de comunicación, algo indispensable para atraer a patrocinadores que aporten elevadas sumas de dinero a los pilotos a cambio de publicidad. Siguiendo con el ejemplo de Sandro Pérez y volviendo a las palabras de Ben Sulayem, se podría plantear hasta qué punto la FIA o las Federaciones de cada país podría también trazar estrategias para premiar a los campeones nacionales a la hora de facilitar su salto a pruebas internacionales FIA y afrontar sus elevados costes, que es lo que no ha traído hasta aquí.

Una vez más y para terminar, una cosa es aceptar que el karting es un deporte caro, y otra aceptar que cada vez lo sea más, o si por el contrario, habría que empezar a tomar medidas para que lo sea menos. De lo contrario, habrá que aceptar también que cada vez será un poco menos un deporte, y un poco más otra cosa.